El primer “Tango”

En esas reuniones de charla, fiesta y baile, ¿quien ponía la música? A veces se formaban dúos, tríos o incluso pequeñas orquestas de forma improvisada, se reunían entre ellos los que tenían instrumentos o sabían tocar algo. Eran analfabetos, por lo que no entendían de notas o partituras, tocaban de oído y de memoria, por eso fue difícil encontrar la impronta de un primer Tango, no había nadie que lo escribiera. A pesar de esto se estima que este primer Tango documentado de difusión popular fue El Queco. Corría el año 1874 y después de las elecciones que dieran la presidencia a Nicolás de Avellaneda, las tropas sublevadas bajo la orden del general Arredondo, entraban en San Luís a luchar por Bartolomé Mitre, y al hacerlo cantaban:

“Queco, que me voy pa´l Bajo.
Queco, que no vuelvo más.
Queco, que me voy pa´Europa,
queco, tendéme la ropa.”

Aunque este proto-tango tiene más de milonga y de tango andaluz que de otra cosa, pasó a la historia por ser el primero de muchos. Debemos agradecerle esto a nuestra querida Eloisa de Silva, quien pudo por fin, plasmar esta divertida composición en un pentagrama. Roberto Selles sostiene que es originariamente un tango andaluz “Quico” al que se le cambió la letra. Según se cuenta, en Buenos Aires se le cambió dicha letra para estar así más en armonía con el origen prostibulario del tango, “queco” en lunfardo significa prostíbulo, burdel.

Aquella guitarra ya estaba en las últimas, la miró y suspiró. En sus bolsillos no sonaban ni chapas, mucho menos centavos. Esa guitarra remendada que tanta tristeza le había traído, y tanta felicidad, hasta le faltaba una cuerda.  Había sido un regalo de su padre, hacía ya 2 años que no lo veía, su madre había fallecido hacía 3. Por eso se marchó, se dio cuenta de que no podía soportarlo más, ese hueco vacío en la salita que nunca se llenaba. Él había cambiado, todo había cambiado. La recordaba aún bailoteando y canturreando en la cocina con un bol en la mano y un delantal en la cintura, preparando su comida favorita. Ahora la frialdad se había instaurado como una amiga fiel, le acompañaba en las canciones, en las cartas a su padre, y como no, dentro de aquella guitarra.

Posteriormente, en 1944, a la canción se le vuelve a cambiar la letra para que Libertad Lamarque la cante en la película La cabalgata del circo.

Para escuchar una de sus versiones, la de Pedro Chemes, puedes hacer clic en el siguiente enlace:

Pedro Chemes/ El Queco

CPA

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